Lourdes María González Herrero


Poemas 





De: En la orilla derecha del Nilo  (2000)  


    

DESLÍZATE A LA MAR, BARCA DEVOTA
                                    nueva canción de Orfeo para mi hijo.



Deslízate a la mar, barca devota,
y cruza los paisajes con tu inocencia
en estos tiempos en que las naves tienen que ganar.
Tú que aún superas para ti el origen
de la ciudad pequeña, dulce, desmembrada,
hazte a la mar de la memoria y boga,
cruza océanos de dudas, noches de réquiem,
deshace el mito para volver a ser,
no te devuelvas a la orilla sin la esperada prenda,
trae peces              y trae orgullo
que para ti vibra mi alma en la ausencia.

No puedo practicar ningún oficio en los días que corren,
no existe ningún oficio para mí,
pero tú, barca infantil,
boga, deslízate,
atraviesa el agua cada vez más peligrosa
y vuelve para que yo te escuche
aunque sea en el día de mi muerte.

Yo pudiera inventarte algún Pequeño Anceo,
una tribuna y un heraldo,
pero serían palabras,
y las palabras nunca te salvarán de las corrientes
donde los viejos cantos pierden su sentido
y el mar
pierde su distancia.

Isla, pedazo de tierra que conozco,
dale a mi hijo un remo
antes que las actuales olas lo invadan todo
y sólo quede el eco de aquel coro increíble.

Isla, razón,
dale a mi hijo un buen pretexto para el viaje
y déjalo, barca de sueños,
rendir el verdadero himno,
encontrando los símbolos de esta noche,
esta larga noche, de este valle infértil,
pero propio.


Deslízate por la única ruta
y da calor a las costumbres,
verás, pequeña nave promisoria,
verás de cerca y vivirás
lo que hoy te cuento como si fuera un pasaje remoto de la vida.

Tocarás la llama
porque eres también la cifra oculta,
boga, lento y seguro,
sé timonel y encántate con las ofrendas,
pero no olvides regresar.

Te brindarán en el camino rojas flores,
te darán vino y el placer que dura poco,
tómalo todo y luego
deslízate a la mar sin lamentarte nunca de ese viaje.

Pequeño encantador de mi pena,
tráeme la dignidad de la memoria
que yo te esperaré
aunque llegues el día de mi muerte.



NOSTRADAMUS 



Era fácil anunciar los sucesos
de una reina blanca y de un rey gris,
intuir que el leopardo
acabaría citando al jabalí para su muerte,
y que los dictadores nunca se extinguirán.
Conozco avezados métodos
que rigen el destino de los hombres,
sé de cadenas místicas
y confesiones para purificar la obstinación,
he visto anuncios que terminan
con las más poderosas paciencias,
pero este año se torna cada vez más oscuro
y dudo que haya alguno entre nosotros
capaz de predecir
de qué lado se quedará la vida
y a qué lugar iremos a parar.
Atravesamos una franja del tiempo
rigurosamente absurda,
no podemos decir:
esta es mi casa,
este es mi camino,
esta es mi compañía.
Miramos buscando algún Miguel,
alguien para afirmar quién se esconde,
en qué grumoso bosque,
siendo del todo inocentes.

Profetas y pitonisas desistieron,
acabaron gastados en nuestro umbral:
cómo advertir que un día
se unirían en cópula fatal el  placer y la muerte,
que amigos y enemigos tendrían igual rostro,
igual manera, la misma profesión.
Cómo advertir que la gloria de los sobrevivientes
no sería la gloria de la sobrevida.

Judío y sabio,
protector alucinado y alucinante protegido,
nunca en tu desolado gabinete
viste perderse el esplendor
como yo he visto el mío huir desde mi cuarto.

Por eso,
no voy a intercalar los anagramas
ni el latín que los míos desconocen,
escribo en español  y en duro día
que la llama del siglo se termina
y que cuanto he soñado ha sido en vano.




LA POBREZA 



Con palabras,
descrita con palabras,
la pobreza puede ser interesante,
pero voy pobre y pobremente caminando sobre suelos infértiles.
Me hundo trasegando el pasado,
burlando esta nueva sobrevida:
zona gris sin ganancias.
Qué importan los designios
y qué importa la callada aspiración de la palabra.

Una calle simétrica me lleva hasta la puerta del silencio,
voy pobre y pobremente caminando
- ya saben, al infierno-,
pero sé que me miran,
que miden mis pasos los sordos personajes
e indagan en la fecha del año
en que dije dudar y dije basta
y dije que me hundo,
aunque en los corredores, en los parques,
en los salones,
el sonido, el vino y la luz
hagan votos por la felicidad trazada
con el poder de otra moneda universal.

No son versos,
me hundo en la ciudad,
y ni sus casas
   ni el deseo
   ni el áspid
podrán salvarme
y me alegro
porque ningún sobreviviente es confiable,
mucho menos si asiste a los lugares
donde reinan el fuego y los delirios
y hacen creer que la palabra
produce
              una pobreza
interesante.




De: Afuera sangran los caballos (2008)




MIRÁBAMOS UN CUADRO DE VELÁZQUEZ


Mirábamos un cuadro de Velázquez como se mira a un niño,
como se busca la compasión después de haber cerrado la puerta de la primera soledad,
con deseos casi humillantes, que arden, que rozan el delirio.

Mirábamos sumisos la Maribárbola meninesca, el Pertusato perruno.
No queríamos forzar la cándida señal que se nos ofrecía, abierta en los labios del creador, apenas disimulada en la pared trasera, sobre el espejo de las sombras. 
No queríamos que intercediera nada que no fuera el amor, la bella vida que esplendente adquiría cada vez más contornos. 
La irrealidad que como el ojo del cíclope recoge los ambientes que se pueden tocar desde la lejanía de una contemplación. 
La irrealidad que se vuelve perfecta.

Mirábamos un cuadro de Velázquez y toda luz ajena quedaba oscurecida. 
Ardía la ilusión de contemplarlo. 
Vaciábamos el sueño de admirar, el sueño de viajar para admirar, vaciábamos el sueño de soñar.

Mirábamos, miramos, aún vemos un cuadro de Velázquez.



  
LOURDES MARÍA GONZÁLEZ HERRERO, Poeta y narradora cubana nacida en Holguín, en 1952. Es miembro de la UNEAC y de su Consejo Nacional, preside la Filial de Escritores en Holguín, dirige el Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura Pedro Ortiz, el Sello Ediciones Holguín, y la revista de Arte y Literatura Diéresis. Ha publicado los poemarios: Tenaces como el fuego (Premio de la Ciudad, 1986); La semejante costumbre que nos une (Premio de la Ciudad, 1988); Una libertad real (Primera Mención en el Premio de Poesía "Julián del Casal", UNEAC, 1989, y Premio de la Ciudad, 1991); La desmemoria (Premio de Poesía "Adelaida del Mármol" para las provincias orientales, 1992); El luminoso pájaro de la memoria (Puebla, México, 1999); En la orilla derecha del Nilo (Premio Nacional de Poesía “Julián del Casal”, UNEAC, 1999; 2000); Fijeza del Amor (2002); Los días del verano (Premio Especial de Poesía “Bicentenario de José María Heredia”, 2003); Pasajera la lluvia Antología Poética (2003); Afuera sangran los caballos (2008); El hijo de la arpista (2010). Y los libros: Acercamiento a la poesía de habla hispana escrita por mujeres, crónicas (1992); Papeles de un naufragio, narrativa, Premio de la Ciudad 1997 (1999), traducido al francés y publicado por la Editorial francesa Indigo en el año 2002, y reeditado en el 2006; María Toda, novela, (2003), publicada su traducción en Italia, en 2009; Sur la rive droite du Nil, (Francia: 2005);  Las Edades Transparentes, novela, (2006), Premio de la Crítica en el 2007, y reeditada en el año 2008; La sombra del paisaje, cuentos (2008), Premio Nacional de Cuentos "Guillermo Vidal". Además, ha obtenido los reconocimientos: 1999, Premio Nacional a la Mejor Edición de Libros de Editoriales Provinciales; 2005, Premio de Cuento "La Llama Doble" y el Premio Oriente de Novela "José Soler Puig"; 2007, Mención en el Premio Casa de las Américas por su novela inédita El amanuense. Distinción por la Cultura Nacional. Su obra ha sido recogida en diversas publicaciones nacionales y extranjeras. En el año 1997 fue incluida en la Enciclopedia de la Literatura Latinoamericana.