Poemas INVISIBLE Invisible como un invisible Molino detenido en el tiempo Las ventanas semi abiertas invisibles Asaltadas en una décima esquina Por nadie O por alguien nadie No me salva la recolección de números dispersos Convertidos en azar Un clandestino apogeo Invisible Ni la salvación eléctrica de manos Que se lavan a si mismas Como Pilato sonríe acumulando Buenas intenciones Envician el aire en la oscuridad Siempre invisible No visible incorpórea Un hábito alojado en errores que evitan aprender Como eso…
Los cinco El primer sábado de Carnaval, exactamente a la hora desde la que se permite el disfraz - doce de la mañana - muy ansiosos después de largo aguardar ya prontos aparecen los cinco jinetes por el camino del pueblo. Espantadizas hasta de la sombra, a veces sólo con paciencia consiguen que sus cabalgaduras avancen. A fuerza de "¡Bah!... ¡Bah!... ¡Caballo!..." El caballo lo constituye una tramoya de alambres en forma de sección horizontal de equino, que se sujeta con un cordón desde los hombros y pende al ni…
Luz de Provincia y Otros Poemas De: Tierra Amanecida (1926) ALABANDO LOS BUENOS CIELOS Mi destino que es ávido como boca en pasión los cielos saborea. Goloso de horas soy. Posesión he tomado de esta lenta mañana. Le enciendo mi silencio cual una luminaria. Es nueva risa de ángeles su luz jugosa y blanda que me perfuma y limpia como una devoción. Se calienta de pájaros el ambiente, y de sol. De todas partes vino mi ser a este milagro. Las formas son conciencias de eternidad, aclamo. Un pecho tengo, y labios para el…
10 Poemas De: La vida que se vive (2006) UNA MAREA DE HIELO SUBIRÁ Una marea de hielo subirá desde los pies a la boca. La vida, casi una fiebre, irá huyendo como un río hasta el último pantano de los ojos. Y no sabremos por qué estamos muriendo. Los grandes rascacielos de la noche seguirán escuchando el rumor de las calles y la frente será un témpano. La lámpara, hipnotizada insistirá sobre estos párpados desesperadamente inmóviles... Mudas presencias, las formas familiares van buscando rincones de olvido.
Don Tomás era un sanjuanino corpulento, de rostro barbado, muy alegre, muy jovial, que tenía una tropa de carros. Había pasado todo aquel día sofocante, caluroso, terrible, en un mísero rancho perdido en el inmenso desierto de su provincia natal, aguardando la fresca hora del crepúsculo, para emprender de nuevo la interrumpida marcha. ¿Qué hizo don Tomás durante tan largas horas? En compañía de don Silverio, el dueño de casa, tallar el naipe, beber sendos vasos de vino y contar imposibles hazañas de troperos. A don Tomás, le agradab…
Síguenos en las Redes Sociales