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ALVARO INOSTROZA BIDART

A ratos no se escucha el silencio entre tanta música de plumas. El oído late con su propio dolor antes de salir al patio de luz.

POEMAS ÉDITOS...
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LUCILA NOGUEIRA

Tu presencia enorme confundió los astros enmudeció las aves, despobló la calle. Tu presencia enorme absorbió mis pasos entregándome a la noche, súbitamente desnuda.

POEMAS ESCOGIDOS
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SONIA DIAZ CORRALES

Viene la casualidad algunos días con su indecencia y esa forma de sentirse inmune sin culpa. Llega como un mormón con su corte de pelo reciente...

POESÍA INÉDITA
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GRACIELA MATURO

Habías dicho una vez: debí morir hace muchos tiempo. Añorabas la libertad suprema del abismo. No era una noche como otras, era la noche que elegiste para el acto sagrado de morir.

LIBRO DE LOS ADIOSES
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ALICIA PODERTI

Como se sabe además de tener una destacada actuación en la vida política del país y alcanzar la Primera Magistratura en tres oportunidades, Juan Domingo Perón fue autor de una relevante producción intelectual...

PERÓN Y LA PATAGONIA
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EVA PERÓN

En estos últimos tiempos, durante las horas de mi enfermedad, he pensado muchas veces en este mensaje de mi corazón.

MI MENSAJE
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MARTA MIRANDA

El mundo la película que te separa de él El mundo: aquello que se toca en la orilla...

POEMAS ÉDITOS...
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JORGE TORRES ROGGERO

Iniciamos estas reflexiones con una primera sospecha: bajo su aspecto de chatarra, Robot, una de las prosopopeyas recurrentes...

LEOPOLDO MARECHAL

Lo Más Leído

Eduardo Galeano

  • 22 noviembre 2011
  • by
  • Analecta Literaria
  •  
     
    Eduardo Galeano

    Defensa de la palabra1






    1.

    Uno escribe a partir de una necesidad de comunicación y de comunión con los demás, para denunciar lo que duele y compartir lo que da alegría. Uno escribe contra la propia soledad y la soledad de los otros. Uno supone que la literatura transmite conocimiento y actúa sobre el lenguaje y la conducta de quien la recibe; que nos ayuda a conocernos mejor para salvarnos juntos. Pero “los demás” y “los otros” son términos demasiado vagos; y en tiempos de crisis, tiempos de definición, la ambigüedad puede parecerse demasiado a la mentira. Uno escribe, en realidad, para la gente con cuya suerte, o mala suerte, uno se siente identificado, los malcomidos, los maldormidos, los rebeldes y los humillados de esta tierra, y la mayoría de ellos no sabe leer. Entre la minoría que sabe, ¿cuántos disponen de dinero para comprar libros? ¿Se resuelve esta contradicción proclamando que uno escribe para esa cómoda abstracción llamada “masa”?

     
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    José Carlos Cataño

  • by
  • Analecta Literaria


  • José Carlos Cataño1
    Poesía Reunida
    (1975-2005)2



    De: Disparos en el paraíso (1975- 1979)


    I. Si el mar cumpliera tu figura



    ELEGÍA MARINA
    In memoriam Herminia González Perera


    IMPERCEPTIBLE, un sol
    Declina por las ramas de la costa
    Hasta las ondas de poniente
    Que agitan los insectos.

    Aquí reposa el cuerpo, en la húmeda
    Tierra de memoria.

    Un grito hubiera roto la distancia.

    El único retorno
    Murmura en lo más alto de la densa arboleda
    De eucaliptos bajo el cielo cubierto. La sombra
    Del volcán vertida  al mar es el último mar
    Que se cierra a los ojos en medio de un gran sueño.
    El mar que penetraba por el borde más alto
    Del sol, será el último mar
    Para dorar tu frente. Como
    Si el mar que terminara
                                          de un golpe
    Cumpliera tu figura.



    MENS METALLICA


    ESE  mismo pájaro que emite sombras en forma de
                                                        [fibras,
    Que al final vibra
                                Estremeciendo la cabeza,
            esa cabeza
                    y el cuerpo desollado
    Que estremece un viento invisible
            pendiendo sobre el mármol de la carnicería,
    Ése es el cuerpo hecho espíritu que galvanizo,
    Como si los órganos
               buscasen la descarga.

    Donde rebota el mundo
                                          el espacio
    Devuelve lo mirado.


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    Alberto Girri

  • 21 noviembre 2011
  • by
  • Analecta Literaria

  • Travesia  de una escritura
    en la obra de Alberto Girri



    Ana María Makianich
    Universidad Nacional de Rosario




    Publicamos este fragmento de la tesis doctoral de la Dra. Ana María Makianich a modo de homenaje al poeta argentino Alberto Girri en el Mes Aniversario de su nacimiento y fallecimiento.

    La Redacción


    Prefacio

    El reaparecer girriano en los últimos años habla de una cierta permanencia en generaciones sucesivas. De Alberto Girri nunca se dijo «que es malo», sino que es hermético, difícil, intelectual. Del mismo modo se lo ha exaltado como el que fuera el que propició un cambio radical dentro de la poesía argentina. Este trabajo es un intento de análisis que muestre el valor intrínseco de su obra, no como defensa del canon —criterio de grandeza— sino como una lectura; es lo que Barthes propondría como la vinculación con un texto en cierta forma infinito.(El placer del texto) La obra de Girri, para mí, «es la obra de refereancia, la mathesis general, el mandala de toda la cosmogonía literaria [...] es lo que me llega, no lo que yo llamo; no es una "autoridad", simplemente un recuerdo circular. Esto es precisamente el intertexto. La imposibilidad de vivir fuera del texto infinito.»1

    El término travesía lo entendemos como: «el camino por hacerse, señalado por trayectos y detenciones: un camino en el que se traza el destino del deseo, en el delicado e incierto borde del lenguaje que indica la inminencia de lo real.»2

    El objeto del presente recorrido es relevar, destacar la singularidad de una escritura poética construida entre lenguas; las lenguas dialogan, y en la polifonía, nos detenemos, pretendemos demostrar que allí se comunican.

    Pero los designios del trabajo crítico son complejos. Muestran una trama condensada que se presta a los juegos de la vacilación y de la duda, sugestivos y misteriosos, claros y transparentes. El poema, hurtable siempre por sus específicos mecanismos lingüísticos que exponen a una lengua a la mortificación hasta el exceso, exhibe los vaivenes propios de la subjetividad y pone, al momento, en entredicho la supuesta unicidad de un yo que garantice la plenitud de un enunciado.

    Lo poético, como objeto, es hurtable siempre; se lo captura y se lo pierde, y lo que subsiste es el deseo que lo alienta.

    Proponemos, entonces, un tratamiento sistemático de los textos de Girri, acompañando algunas hipótesis de lectura e interpretación y produciendo comentarios, paráfrasis que pueden echar luz sobre esta poética compleja y singular, con los riesgos de incertezas que el texto poético entraña. En una búsqueda que acepte y reciba hospitalariamente lo que de misterioso tenga la poesía, y en tal reconocimiento quiera confiarse a los límites propios insoslayables de una academia, con la mirada puesta en la transmisión.

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    Cristian Aliaga

  • by
  • Analecta Literaria
  • Cristian Aliaga

    Poemas Éditos
    e Inéditos
    ©2011 Analecta Literaria




    De: El Pasto Azul (1996)


    LOS DESEOS IRREPRIMIBLES

    Cuando la mano ya inició
    el movimiento
    uno tiene la conciencia fugaz
    del mal que está por cometer.
    La ropa caerá,
    el vino será derramado,
    el corazón sangrará para siempre.
    Pero uno no puede detener el movimiento.

    De: No es el aura de Kant (1992, reeditado en 2009).

    Charco de botellas
    No, no padre, tus escritos de espuma,
    tu sepultura notoria de papeles,
    la asfixia breve, el color de las cosas chicas.
    Todo es aparente, frugal, imagen
    de alma gruesa, exploración de la angustia,
    madre fresca. La angustia.
    Los tablones internos. Los libros
    escritos en presencia de suaves
    piernas, la enumeración continua
    de fantasmas.
    Céline, todos viajamos hasta el
    fondo de la noche, prohijados
    por la malaria y el abuso,
    continuos empleados.
    El guante para resguardar el polvo de las manos
    no existe, es una vieja muestra
    de luces, una prueba de imprenta,
    una pizca de locura mortal
    en la canción de la especie.

    El guante no existe: lo recojo,
    lo empleo para destruir
    las fuentes de trabajo,
    el guante es una piedra.


    De: Estancia La Adivinación (1998)

    ARTE, POÉTICA


    Un poeta -un lobo sin cartel-
    no muestra sus cartas, no baraja
    de nuevo, no escancia vinos
    que no es capaz de beber.
    Es un animal procaz
    que no ve detrás de las ventanas
    sino más allá de las rejas,
    un espectro sordo
    que no domina su carga de ilusión
    y se entrega a ella hasta ser destruido.
    Un poeta -un punto azul sobre la mesa-
    no mira para ver
    sino para abrir los ojos.


    MADRES QUE SACUDEN

    La mano del destino no
    es trágica, sino que
    ataca las fuentes de la belleza,
    y por eso nos aterra.
    ¿Qué es el terror,
    sino una manera de resistir
    la decadencia?
    La belleza es la única
    manera de sacudir el pecado
    de la muerte, que no existe
    salvo para recordar
    que quedaremos en la oscuridad
    un día,
    y sin luz la belleza es una cuestión de fe.

    Belleza, belleza, entera madre que sacudes.


    De: Música Desconocida Para Viajes (2002)

    LA OVEJA


    Atrapada por el cuello al alambre de púas, un mal
    movimiento la degollaría. La oveja desliza milímetros su
    cabeza hasta quedar inmóvil a la espera de una solución
    que escapa a sus propios movimientos. Su cabeza no
    piensa, ni esboza cursos de acción, apenas percibe el
    suave ardor de los alambres puntiagudos, mientras a unos
    metros del alambrado los vehículos atraviesan la soledad.
    Pasan sin verla, o ven apenas la imagen fugaz de una
    oveja que permanece muy cerca de la ruta, en una
    inmovilidad sólo rota por gestos imperceptibles.
    Atrapada por el cuello al alambre de púas, oye la
    secuencia creciente y luego decreciente de los motores,
    quieta se queda y algo semejante al placer percibe
    cuando logra la quietud absoluta. Empieza a dolerle
    cuando se adormece, y así se despierta, y vuelven a
    nublarse sus ojos azules hasta que regresa el dolor que
    para ella no tiene nombre. No puede estimar la duración
    de la noche ni aspira al azar de alguien que atine a
    separar su cabeza del alambre.


    De: La Sombra De Todo (2007)



    UN RING PARA DIOS

    Queremos un ring para dios pero dios se recuesta contra las cuerdas permanece  quieto sin responder al árbitro nadie podría pegarle sin ser considerado maricón pero entonces no hay box ni riña teológica que lo saque de allí el ring es enorme a los ojos de los incrédulos se tiran golpes sobre dios la lona alberga a una multitud de caídos no hay triunfo sino presas del KO de dios la mirada de él está húmeda el protector inguinal es de cuero virgen esa mirada de él dramatiza que no habrá golpes pero se posa sobre los caídos como al descuido generaciones de caídos no creemos en dios sino en sus golpes de KO su mirada húmeda su protector de cuero virgen.


    RESENTIDOS, ARTISTAS REMOTOS

    El mundo rebosa de artistas. Los actuales
    hablan sin detenerse jamás.
    No son sentimientos de venganza
    los que explican en cámara lenta,
    hablan cual espíritus de Chuang Tzu
    pasados por el cernidor de un siglo
    superpoblado
    de víctimas.
    Las víctimas son la inspiración
    de los criminales, el alimento
    de los héroes
    que el mundo elige y sus capitales. Bebo
    entre las víctimas el odio silencioso
    por los artistas. Sabe dulce aunque
    no logremos matar a ninguno de nosotros.

    VISIÓN ARCAICA

    he hallado un lugar para divisar
    al mismo tiempo las tres
    ventanas.
    en una -la del frente u oeste-
    parece que atardece.
    en la del norte
    el sol resiste.
    la ventana del sur
    muestra un pino mortecino.
    la nada melancólica carece de espejos.

    todas las ventanas ajenas
    por igual: llevo aquí dos años
    y no había logrado detenerme jamás
    entre las tres.
    sólo he visto lo evidente: el caliente
    sol, el vidrio enfriado
    luego por la tarde.
    no he sabido decir lo que significa
    esta mesa,
    este sillón arcaico
    -y menos percibir el espíritu
    de las personas que duermen
    mientras cae la tarde, muy cerca de mí-.

    estar juntos es esto:
    ventanas tapiadas de un sol drástico
    y una visión exacta de los destellos
    perdida entre los cipreses.



    INÉDITOS

    De: El Rincón De Pedir (Se editará próximamente en España)

    1
    APESTOSOS


    de novena categoría, Mao decía,
    son los intelectuales,

    ¿simples apestosos?

    poetas del régimen cualquiera no somos,
    voy a creer, ni perritos de ceniza o equis

    acusados de nihilismo, o peor, invitados
    a la sala de ediciones
    junto a la querida del ministro,
    al simposio de la universidad
    que atardece entre magnolias

    no podemos gritar
    en los libros: ni acusados de nihilismo
    ahora, ni invitados

    hay fiestas en las que no quiero estar,
    Juanele Ortiz decía

    no pueden arrancarnos
    gritos
    informes
    pequeñas obras al uso


    2
    JOB, LA SOLEDAD RADICAL



    La desmesura del contrincante está allá arriba.

    La desmesura de quien resiste
    está en el fondo, donde no es dios, la nada.

    Hablo, porque si no hablo moriré.

    El sufrimiento es conocimiento.

    El sufrir da conocimiento al hombre
    que mira al cielo con rencor,
    a través de su carne
    dolido aprende.

    Los otros no pueden entender a Job,
    no tienen su experiencia del sufrir.

    En el cuerpo herido está el conocimiento.

    Job inicia un litigio suicida con Dios.

    ¿Triunfa Job?

    ¿Alguna vez puede ganar?
    ¿Gana Job porque resiste, porque persiste?
    Habla, siempre, el solitario, herido, el que resiste.



    A María Carreño, Santiago de Compostela.











    CRISTIAN ALIAGA es oriundo de Tres Cuervos (provincia de Buenos Aires, Argentina) aunque su nacimiento fue registrado en Darregueira (1962). Reside en la Patagonia. Poeta y ensayista. Publicó Lejía (1988); No es el aura de Kant (1992); El pasto azul (1996); Estancia La Adivinación (1998), Música desconocida para viajes (2002), la antología Estrellas en el vidrio con selección de Jorge Boccanera, (2003) y La sombra de todo (2007), primer premio del Fondo Nacional de las Artes. Integró el consejo de redacción de la revista Último Reino, y fundó la Editorial Universitaria de la Patagonia. En 2009 se reeditaron en un solo volumen sus libros Lejía y No es el aura de Kant, y apareció una segunda edición ampliada de Música desconocida para viajes. Editó la obra poética de Juan Carlos Bustriazo Ortiz y varias antologías de narradores de la Patagonia. En 2009 editó la obra de 37 nuevos poetas en Desorbitados (FNA). Coordinó talleres de análisis y creación poética, con el patrocinio de la Fundación Antorchas, junto a Diana Bellessi, Arturo Carrera, Concha García, Alicia Genovese, Reynaldo Jiménez y Victor Redondo. Ha realizado lecturas y dictado conferencias en Chile, Ecuador, España, Gran Bretaña y México. Una selección de su obra, traducida al inglés por Ben Bollig, ha sido publicada en Gran Bretaña y EE.UU. Grabó en disco compacto su obra Un ring para Dios junto a Andrés Cursaro (productor ejecutivo), Osvaldo Bayer, Arturo Carrera, Avelino Naves, Palo Pandolfo e Ingrid Pelicori.  Es periodista y docente universitario. Dirige Espacio Hudson, Centro de artes & Editorial, en Lago Puelo (Chubut) y el periódico El Extremo Sur, y es columnista de Radio del Mar (Comodoro Rivadavia, Chubut). Actualmente reside en Gran Bretaña como profesor invitado por la Universidad de Leeds, donde recientemente publicó una edición bilingüe del libro La causa clínica/The Clinical Cause.  Próximamente en España se editará El rincón de pedir. Página web: http://cristianaliaga.com

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    José Garés Crespo

  • by
  • Analecta Literaria
  •  
    José Garés Crespo

    Nathalie 1
    © 2011 Analecta Literaria





    -I-

    Supongo que algo tuvo que ver la hora. El caso es que eran cerca de las once de la noche de un día laborable y encontré aparcamiento con facilidad. Pero, ya se sabe, nada es perfecto y pese a que llovía al salir de casa, se me olvidó el paraguas, de manera que, aunque el club estaba a tan solo doscientos metros de donde aparqué, la lluvia tuvo tiempo de mojarme suavemente.

    Aquella noche me encontraba solo. Mi esposa había tenido que viajar a la capital y no volvería hasta el día siguiente. Hacía tiempo que las ausencias, de uno y también del otro, funcionaban como un bálsamo para quien se quedaba en el hogar familiar. Aburrido y cansado, tratando de perder tiempo para que me venciese el sueño, salí a tomar una copa sin saber a dónde ir. Recordé que hacía tiempo que quería visitar un bar-club donde solían tocar algunas bandas y que, según me habían dicho, tenía un ambiente agradable, un tanto bohemio y con gente joven.

    Aquel fue el escenario de mi reencuentro con Julio, después de no verlo durante varios años. Inicialmente fue un motivo de alegría que me hizo recordar momentos vividos y casi olvidados. Podría considerarse que, sin haber sido lo que se dice amigos, tal vez por la diferencia de edad, tuvimos una relación suficiente para conocerlo bien, o eso creía. Puede que realmente lo conociese y se me olvidó con el tiempo, quién sabe.  Se diría que somos tantos como situaciones vivimos, aunque alguna característica trascienda desde los genes y permanezca más allá de las secuencias del día a día.

    Lo encontré inmerso en ese estado vaporoso, confuso y sentimental que provoca que nuestra mente de vueltas y más vueltas, como una noria, ensanchándose aquéllas hasta casi diluirse en la nada y de repente se estrechan y se revuelven sobre su origen hasta casi agobiarte. Me confesó que cuando se encontraba así, procuraba visitar aquel club, que si bien no tenía nada que ver con El Minton's Playhouse de Harlem,  era el único que había en la ciudad con un ambiente apropiado para emborracharse sintiéndose acompañado, aunque no siempre fuese por alguien conocido. Era, probablemente, el único tugurio adecuado. Después de saludarnos con un abrazo, pedir un Jack Daniels y saborearlo, Julio pareció ausentarse quedándose abstraído mientras sonaba un solo de batería que duró cerca de dos minutos. Julio no volvió a la realidad hasta que volvió con fuerza el contrabajo, en un intento por sugerir una melodía propia que fue suavemente tomando cuerpo y expandiéndose, igual que si de dos melodías se tratase, empastadas una en la otra y sueltas al mismo tiempo. Pude observar cómo Julio y sus extremidades, sin apenas moverse, se integraban definitivamente al centro melódico de la pieza con la incorporación de la trompeta que, limpia y avasalladora, fue llenando todos los rincones del salón, arrinconando y dejando en el lugar que les correspondía a la batería y al contrabajo. Julio, que intentaba marcar el compás con el pie derecho, paralelamente al ritmo que marcaba la batería, se deslizó, planeando sobre la realidad, hasta dejar el vaso sobre la mesa despertando y regalándome una sonrisa. Recordé que, en algunas ocasiones, tenía una extraña manera de mirar, arrugando el entrecejo y observándote por debajo de las pestañas.

    El club estaba medio vacío. Tenía las paredes enmoquetadas con una tela azul oscuro que no supe por qué, pero me recordaba los interiores de la habitación del chalet de mí prima. Tuve la impresión de que Julio no volvía a la realidad en un sentido estricto, que sería lo mismo que decir que mantenía en activo toda su historia; pensé que lo más probable era que en aquellos momentos le fuese imposible soportar tanta carga. Me refiero a la última realidad, minúscula como todos los últimos episodios de la vida o la historia, según se quiera ver, aquella que, según supe después, desde hacia unas semanas le ocupaba mentalmente, de día y de noche, hasta inundar y casi hacer desaparecer el resto de su vida. Era increíble, cómo en un momento, un tema que pudiera parecer baladí en otra circunstancia de su vida, tomaba fuerza, se hinchaba y se expandía cubriendo el resto de sus experiencias vitales, todo lentamente, como esas mareas que hinchan el mar y van inundando la playa y sorprende los cuerpos tendidos sobre la arena. Me confesó que sus recuerdos y aún los planes de futuro que tenia, aparecían envueltos en medio de una nube que creciendo hasta tapar por completo el sol, transformando un día que podía  ser radiante y alegre en indefinido y opaco. En rigor, nadie hubiera podido prever un suceso de tales características, sobre todo teniendo en cuenta la peculiar manera de ser de Julio. Y no tanto por cómo solía comportarse en su vida cotidiana, que era de lo más normal, entendiendo por normal aquello que se deja organizar de acuerdo con las normas que en un momento dado rigen donde quiera que nos ha tocado vivir, sino porque en el fondo, esas normas, más aún en su caso concreto, le venían ajustadas como un guante, eran imperceptibles, sin tener apenas ni una sola contradicción que resolver. Tanto era así que cabría pensar que Julio era un producto perfecto de las normas, que era un perfecto prototipo, un paradigma exacto. O que era él quien generaba las normas. Cualquiera podría pensar que para él existían como existe la ley de la gravedad, o la evolución de las especies. De hecho, en más de una ocasión me comentó que él era sus normas hasta el punto de que sin ellas apenas tendría puntos de referencia para pensarse y componer su perfil. Me vino a la cabeza  la frase de Baudrillard con la que señala que sin contexto no hay significado; sin orientación, sin totalidad, sin marco de referencia,  de forma que la historia no existe y nos movemos en un espacio sin horizonte.
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    Milcíades Arévalo

  • 10 octubre 2011
  • by
  • Analecta Literaria
  • Milcíades Arévalo1

    Dos Cuentos Eróticos2





    LAS ÚLTIMAS ALEGRÍAS

    "¡Tú y tu miserable maquinita de escribir!
    ¡Tú y tus miserables cheques enanos! ¡Mi abuela gana más dinero que tú!"
     Charles Bukowski



    Me disponía a comenzar las labores  del día cuando de pronto se abrió la puerta y entró la esposa de don Hiparco. La luz mortecina que se asomaba por la ventana la hacía  ver más luminosa que cientos de bombillos de magnesio. El día de por sí era bastante lluvioso como para que doña Julietta entrara  a   mi oficina a pintarse los labios.
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    Rubén Vedovaldi

  • 05 octubre 2011
  • by
  • Analecta Literaria
  •  
     
    Rubén Vedovaldi*

    14 Poemas 
     
     


    De: Laurel De Fuego & Boca De Tormenta (2008)



    REMITENTE 


    lápiz en mano dibujó unos signos
    sobre la muda arena del desierto

    pincel en diestra y
    paleta en su siniestra
    pintó la luz que se buscara el cuerpo
    iluminando un fondo de poema

    cincel en puño modeló el poema
    cantaba   laúd en mano   cada verso

    danzó el poema  el himno  la plegaria
    representó en escena cada estrofa

    se aplaudió solo,
    criticóse solo
    miró las palmas de sus manos muertas

    no tenía con quien hacer historia

    para llegar a humano
    le faltaba estrechar fraternalmente
    la mano de otro par en barro y sueño

    lo demás era el tiempo y el espacio
    del arte y del olvido

    no hay destino
    si no hay destinatarios


    ¿ADÓNDE FUE A PARAR,



    aquel calidoscopio de vidrio y cartón floreado
    regalo de la señorita Delia
    mi primera maestra?

    ¿dónde andarán los almendrados ojos
    de Graciela Néctar Amaral, la conejita?

    ¿dónde el trompo de lata zumbante de madrina,
    los tarros con bolitas requete-antiguas
    las figuritas
    las funciones del Cine Teatro América?

    ¿en qué vuelta tumbó
    aquel autito de caucho azul y plata?

    ¿y el barco verde
    con piratas negros y blancos?

    ¿dónde estoy, dónde están;
    cómo pudieron perderse
    si yo era su dios?


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    Juan Gelman

  • by
  • Analecta Literaria
  • La Poesía de Juan Gelman:
    La Construcción del Imposible Nido


    Graciela Perosio1





    No he tenido la oportunidad de publicar anteriormente este ensayo que escribí en 1990, no obstante es mi intención transcribirlo tal cual, especialmente porque a Gelman, quien tuvo la amabilidad de leerlo en aquella oportunidad de su reciente escritura, le ha gustado mucho. De modo que aquí vamos:

    Desde mi primera lectura de Citas y Comentarios (1982) vengo interrogándome por la inmersión de la poesía de Juan Gelman en el discurso erótico y en su variante más intensa, el discurso místico. Y creo poder responderme desde sus propias preguntas por lo imposible: ser donde no se está: "patria de mí/ sin mí/ ¿me sos?/ en vos me acuestan de ternura?"

    Sobre la dispersión, anulando distancias, aún desde el vacío, esta poesía se propone construir a pura antítesis, a pura paradoja, con "la palabra que no decís delgada/ como sueño". Se propone construir "su verdad/ su cuenco/ su telita". Surge como trabajo amoroso e imposible "como velita ardiendo en/ lo más violento de los vientos/ cada hora es trabajo de vos/ o me trabajo para hacerte."
        
    Surge "el trabajo de no poder más". La creación de "otra región/ tan diferente de esta/ fabricación de vos/ salida sobre/ sí misma/ fuera de sí misma". Elaboración de un discurso totalizante que permita rechazar la realidad, equiparándola al discurso mismo. Son las condiciones necesarias para abrir un nuevo lugar desde la lengua donde las temperaturas estallen en fusión. Y aparezca el más allá de la identidad, la trascendencia del uno y el otro, mundo del "vosmí", juego circular de los pronombres, criterio constructivo central en la mayoría de los poemas de Citas y Comentarios y de Com/posiciones (1983).
         
    Pero la realidad está ahí con su verdad de geografía, de fragmentación y derrota. El poeta conoce la amenaza y la interrogación constante marca la fragilidad de lo conseguible a pesar del empeño, siente la pena del enamorado porque la unión es fugaz y alto el costo. Amor abierto a la muerte para vencer los límites de la individualidad, para superar el cerco del tiempo.
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    A. M. Rodríguez Francia - P. Scervino

  • by
  • Analecta Literaria
  •  
     
    El Popol Vuh 
    En la perspectiva de una 
    aproximación hermenéutica

    Ana María Rodríguez Francia
    Pablo Scervino
    Universidad Nacional de Córdoba
     
     



    Introducción

    Más allá del abundante, útil e insoslayable acopio crítico e interpretativo concerniente al denominado "Manuscrito de Chichicastenango"1 o Popol Vuh (Libro del Consejo o la Comunidad) antiguo texto maya-quiché, proponemos diseñar una interpretación que nos permita acceder a la última instancia de toda hermenéutica: el momento de la apropiación.

    Los alcances de esta propuesta tienen por finalidad desplegar la situación dialógica generada en el encuentro textual (permitido por la fusión horizóntica),2 entre este monumento cultural y nosotros —habitantes iberoamericanos—, en las postrimerías del segundo milenio, próximos ya a la conmemoración, en sus quinientos años, del descubrimiento y la conquista.

    Como se sabe, el Libro del Consejo fue en principio una pintura simbólica, no un mero ideograma clausurado. Fue la apelación ante los ojos, de un mundo significativo sólo reglado por su pertenencia a una comunidad interpretante en el ámbito cultual. Esta, a su vez, se comprendía a sí misma en el relato que menos sacralizadas y actualizantes de los orígenes, habían comunicado.
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    Jorge Ariel Madrazo

  • 04 octubre 2011
  • by
  • Analecta Literaria
  • Adelanto de Libros
     
     
     
    Jorge Ariel Madrazo*

    Dos fragmentos de la novela
    «Gardel se fue a la Guerra»
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    Gardel, Carlos Gardel, si vú plé.

    Así exigió el hombre de la capucha luego de aporrear la puerta y lanzar guiños cómplices a los murciélagos, dueños nocturnos del barrio. Era el portador del Mensaje, el emisario de lo remoto; el  sayal gris: percudido por siglos y travesías. De pronto el embozo fue echado hacia atrás, con lo cual la portera -que siempre se alarmaba ante aquella aparición- pudo entrever los cabellos amarillentos y largos hasta los hombros aunque anudados en un extremo, a modo de coleta. La barba, previsible, no iba en zaga a los pelos. Zapatos con tiritas tipo sandalia. Y el portafolios hecho un estropajo, gordo a reventar, pesado como un elefante muerto y sostenido con visible esfuerzo (más el riesgo de hernia de disco) en el hueco de un brazo; mejor: aguantado por ambos, derecho e izquierdo: ¿una metáfora del fin de las ideologías?

    En ese minuto, instalado frente a la mesa donde la pava y el calentador se enfrían sobre sus individuales de corcho -con guarditas rojas-, el ex cantor de barrio Carlos Godofredo Gardel ha de desafinar una barroca enumeración; lo hará asordinando su voz de barítono alguna vez poderosa (pues ahora se dirige a  un único par de oídos):

    —Cucarachas asomando debajo de los muebles, travestis que te pringan con sus baboseos y aquellas minas que antaño fueran pebetas de mi barrio y hoy, si a gatas, recepcionistas gelatinosas, reverendísimas alcahuetas mascachicle; ni qué decir: las barras bravas, prostituidas siempre al capo de turno; por no mentar a los pobres urlatori -así dijo Gardel, urlatori- de tango y folclor. Peor todavía: los uniformados de toda laya  (ta'claro, pienso en barrenderos, en vendedores de helados.) —Ríe. Breve pausa. -¿Y qué me cuenta de los genios de las finanzas y sus operadores de trabajos prácticos, roncos de tanto escupirte en la oreja: te vamo'a reventar? -Gardel tose estilo caballo; otra pausa para tragar aire y acopiar el agua que empuje la cápsula cardíaco-estimulante.
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