Daniel Calmels

Cinco Poemas Éditos
Y un Poema Inédito




1. LOS  ARTISTAS  VELAN


«Esta molestia de sentir
que uno depende de su propio cuerpo».
                          Antonin Artaud


En la vida de los antiguos héroes
la herida infaltable rondaba los cuerpos.
Fue en Vulcano y en Edipo
la triste pierna desvariada.
En Sigfrido el hombro herido
para temer la palabra muerte.
En Sansón la pérdida indolora.
Y en Aquiles la ley del talón
lo convino a apaciguar su destino.

Pero hubo otros más cercanos
que defendieron el derecho de soñar
aún a costa de detener con el cuerpo
las oleadas feroces de tristeza:
Fue la pierna de Rimbaud
rodando en un quirófano de Marsella,
la mano de Cervantes
multiplicándose en la escritura,
Quevedo riendo de su cojera
con “una pata torcida para el mal”,
los ojos de Borges
imaginando láminas de colores pálidos,
Beethoven, con una varilla entre sus dientes,
comiéndose las vibraciones
que los oídos se negaban a tragar,
Toulouse Lautrec desde su espalda corva
viendo las narices más bellas,
y la oreja de Van Gogh
enterrada en un paño de limpiar pinceles.

Fijman con las sienes golpeadas
mientras grita: “Yo soy el Cristo Rojo”.
Baudelaire con la voz agónica
mientras escucha de la boca materna
un glosario de primeras letras
para una lengua antigua y herida
en la caverna húmeda de su boca,
y Antonin Artaud, cargando de fuego las palabras
hasta explotar de incomprensión.
Desde el fondo de un lujoso salón,
mientras camina al encuentro,
el joven Milosz recuerda con terror
que tiene padre y madre
e ignora de la bala que intentará olvidarlos.





Efi Cubero
Trama




 No para cualquiera.
H. H. en El lobo estepario



I


Centrada sobre el punto de emergencia
lo injusto de la vida se desgarra
por el hilo secreto
de esa trama interior que no envejece.



II


Texto de la existencia
de larga duración inacabada
que arropas y no aíslas.
El alma se ocupaba de buscarte
una eternidad simple como un juego
y todo era infinito.

Comprométeme a fondo,
que sienta tu saber en mi ignorancia;
que la lámpara ignore que es de noche,
 y la ventana acerque la tarta de la luna
para que se alimente la escritura.

(Y  vamos a escaparnos del embozo
tú y yo multiplicando las estrellas).





Juan Pablo Mañueco Martínez *

ALCARREÑOS BESOS 
(Villancico de Reyes)
                                
       

Ya vienen los reyes,
ya vienen andando,
camellos y bueyes
se estaban cansando.

Jaras y romero,
tomillo y cantueso,
con salvia y espliego,
¡alcarreños besos!

Ya vienen los Reyes,
vienen por las Cruces,
ved todas las gentes
cómo lucen luces.

Jaras y romero,
tomillo y cantueso,
con salvia y espliego,
¡alcarreños besos!



José Sarria
Al-Ándalus, 
Patria y Raíz del Agua
[Poemas Éditos e Inéditos]






«Cuando conozco a alguien no me importa si es blanco, negro,
judío o musulmán. Me basta con saber que es un ser humano».
WALT WHITMAN





ÉXODO 




«¿Cuánto tiempo estará tu corazón en duelo?
¿Hasta cuándo seguirás vertiendo lágrimas?
Espera queda en Dios, alma mía,
en calma y sin tristeza,
en pie, atisbando, hasta que
al mirar en ti se fije el que mora en los cielos».
SELOMOH IBN GABIROL - 
Poema sobre la partida de al-Ándalus.



RAÍZ DEL AGUA


¿Quién me habló desde el agua?
¿No fue acaso la sangre
izando sus banderas
con el leve sonido de la noria?

¿Quién me habló desde el agua
y alcanzó mis raíces
con esa arquitectura
ligera de sus cauces?

Es el agua, que como levadura
erige sus montañas de palabras.

( Inédito )





Gianni Siccardi
Poemas 1961-2001




De: Poesía junta (1961)



FERIA D'APRILE

a Tununa, Diana, Roberto


Entre los pinos azules del domingo
la tarde se volvía tarde de otoño
y aletargaba los caminos de polvo alegre
que en procesión marchaban hacia el pueblo recortado
más allá derramado entre los cerros,
y desde la lentitud de la tarde
el cielo pendía
a punto de abrirse sobre nuestras cabezas
a enroscarse en los pinos
a esa hora ya alejados de la tierra.

Era un domingo de otoño
y los cuatro nos mirábamos absortos
sentados, con los pies dibujando ociosas fantasías
en el patio de cemento.
Entre el vino que florecía pausadamente
recordábamos historias inocuas
tratando de olvidar la vida
que -en algún lugar,
en alguna calle que no conocíamos
y tal vez ya nunca podríamos conocer-
hombres y mujeres como nosotros
empecinadamente vivían
o creían vivir



De: Conversaciones (1962)



PROBLEMAS DE LENGUAJE


Si quieres gozar
si lo haces minuciosamente;
si convaleces a pesar tuyo
de tus antiguas tristezas.
Si eras tú quien reía
en los hermosos días de mayo,
si hablaste o creíste hablar entonces
con pájaros y árboles
de misterios que ni ellos ni tú comprenden
pero con tanta unción o esperanza.
Si la ferocidad de los amigos
es fresca como tu misma inhabilidad;
si sólo te arrepientes de lo que no has hecho:
si aun puedes culpar al corazón o a la memoria
por tu tenaz indolencia.
Si sabes sobretodo
que no es esto lo que quieres decir.
Si pudiera decirlo de otra manera,
si los que me aman fuesen sordos o locos
le diría simplemente: el amor es todo.





Foto: © Mary Rodríguez Vázquez

María Teresa Andruetto 
Seis Poemas





De: «Sueño americano» (2009)




LECCIÓN DE PIANO 


Brilla el asfalto como un vestido de seda
bajo las luces de un teatro. Otra vez marzo
en la avenida que lleva a la maestra de piano.
La llovizna humedece los silos, la alameda,
la resaca de la noche en el billar. Alguien
seca al sol las fachadas de laja en las casas
del centro. Levantan puntos de media,
las chicas de Los Vascos y el verano
peina el pelo en colas de caballo. Cuando
sea grande, seré concertista, dice a todos
la niña que va a piano. Serás profesora,
dice la madre a la vuelta de los años. Piensa
en eso la niña mientras muerde la madera
del piano. Va su pensamiento lejos del pueblo,
más allá de la maestra y del verano.




© Fotografía José Lamarca


Osvaldo Lamborghini

El Fiord

«El Fiord» es una obra del escritor argentino Osvaldo Lamborghini [n. 1940 – m. 1985] donde el realismo escatológico y obsceno se transparenta en un lenguaje explícito que se propone como única forma viable para llevar adelante un relato que narra las luchas internas del Peronismo de la resistencia. En «El Fiord» se narra el nacimiento traumático y difícil del niño Atilio Tancredo Vacán (cuyas iniciales ATV aluden al nombre del dirigente obrero peronista Augusto Timoteo Vandor), parido por Carla Greta Terón (la CGT —sigla de la Confederación General del Trabajo— y a la vez figuración de Eva Perón) y el posterior incesto con su madre. La idea de Lamborghini es presentarnos un parto difícil y forzado  en el que el brutal sometimiento sexual de Carla Greta Terón a su hombre, el Loco Rodríguez, llamado el Patrón, establece la relación de subordinación de la clase obrera argentina a un poder político autoritario y dominante. En el relato hay una sucesión ininterrumpida de imágenes y situaciones simbólicas tales como la madre, el padre, el niño, el parto, el descuartizamiento, la muerte, el incesto, la sangre, el dolor, la amistad, el sexo que son claves para entender la posición ideológica del autor. Publicado en 1969, «El Fiord» coincide con el cruento asesinato del dirigente obrero Augusto Timoteo Vandor que llegó a proponer un «Peronismo sin Perón». El relato completo está tomado de la primera edición de 1969, publicada por «Ediciones Chinatown» un sello editorial inventado por Osvaldo Lamborghini. 


L. A. V





¿Y por qué, si a fin de cuentas la criatura resultó tan miserable —en lo que hace al tamaño, entendámonos— ella profería semejantes alaridos, arrancándose los pelos a manotazos y abalanzando ferozmente las nalgas contra el atigrado colchón? Arremetía, descansaba; abría las piernas y la raya vaginal se le dilataba en círculo permitiendo ver la afloración de un huevo bastante puntiagudo, que era la cabeza del chico. Después de cada pujo parecía que la cabeza iba a salir: amenazaba, pero no salía; volvíase en rápido retroceso de fusil, lo cual para la parturienta significaba la renovación centuplicada de todo su dolor. Entonces, El Loco Rodríguez, desnudo, con el látigo que daba pavor arrollado a la cintura —El Loco Rodríguez, padre del engendro remolón, aclaremos—, plantaba sus codos en el vientre de la mujer y hacía fuerza y más fuerza. Sin embargo, Carla Greta Terón no paría. Y era evidente que cada vez que el engendro practicaba su ágil retroceso, laceraba —en fin— la dulce entraña maternal, la dulce tripa que lo contenía, que no lo podía vomitar.

Se producía una nueva laceración en su baúl ventral e instantáneamente Carla Greta Terón dejaba escapar un grito horrible que hacía rechinar los flejes de la cama. El Loco Rodríguez aprovechaba la oportunidad para machacarle la boca con un puño de hierro. Así, reventábale los labios, quebrábale los dientes; éstos, perlados de sangre, yacían en gran número alrededor de la cabecera del lecho. Preso de la ira, al Loco se le combaban los bíceps, y sus ya de por sí enormes testículos agigantábanse aun más. Las venas del cuello, también, se le hinchaban y retorcían: parecían raíces de añosos árboles; un sudor espeso le bañaba las espaldas; las uñas de los pies le sangraban de tanto querer hincarse en las baldosas del piso. Todo su cuerpo magnífico brillaba, empapado. Un brillo de fraude y neón.

Hizo restallar el látigo, El Loco en varias ocasiones; empero, los gritos de Carla Greta Terón no cesaban; peor aún: tornábanse desafiantes, cobraban un no sé qué provocador. La pastosa sangre continuábale manándole de la boca y de la raya vaginal; defecaba, además, sin cesar todo el tiempo. Tratábase -confesémoslo- de una caca demasiado aguachenta, que llegaba, incluso, a amarronarle los cabellos. El Loco, en virtud de ser él quien la había preñado, cumplía la labor humanitaria de desagotar la catrera: manejaba la pala como hábil fogonero y a la mierda la tiraba al fuego.


Miguel Briante
Capítulo Primero





a Jorge Cedrón



No había esperanzas: lo dijo mi abuela, mientras comíamos. Mi tío se limitó a mover la cabeza, en un gesto ambiguo, casi torpe. El efecto de esas palabras iba a resucitar recién al rato, en un sollozo de mi tía. intentó disimularlo con otro ruido semejante, que salió de su nariz; hasta usó el pañuelo. Pero fue inútil: yo advertí que luchaba por no llevárselo a los ojos. En ese momento hubiera necesitado saber qué pensaban. En el patio, de pronto, las escenas volvieron, una a una, mientras mi tío, al pasar, me acariciaba. Traté de apartarlas, retrocediendo hasta el lugar donde se amontonaba mi rabia. Sobre todo, me enfurecía que no se animaran a decírmelo, y anduvieran con palabras o gestos raros, como cuando jugaban a las barajas. Tu papá –había dicho la abuela– está muy mal. Pero nada más. Nadie me decía por qué ahora pasaba todo el tiempo con ellos. O por qué a cada rato volvían las escenas: papá que tardaba en llegar; mamá, diciéndome: Vamos a buscar a tu padre. Pero no, no era así. Dijo: Andá a buscar a tu padre. Era la una de la tarde, en verano. Nadie, por la calle. El pueblo, a esa hora, estaba siempre quieto: seguía así hasta las cuatro. Antes, estaba ese pequeño mundo de la siesta: la payana en el umbral del negocio, los viajes en el carro de Don Juan, o las charlas en el vagón del ferrocarril sobre la vía muerta. Caminé dos cuadras: en el bar, tras la vidriera, vi a papá, tumbado sobre una mesa. Entré. Papá –dije–, vamos. Le toqué el hombro. Más allá de la mesa, no había nadie. El dueño quería cerrar. Llevátelo de una vez, estaba diciendo, con la mirada. Vamos, repetí. Entonces, papá levantó la cabeza. Nunca supe cómo, por qué, pero en los ojos había algo, una especie de señal, o de aviso. Miraban con una intensidad distinta, tan distinta que yo sentí miedo. No –dijo con voz decidida, una voz que nunca usaba al hablarme–, no, dejame, no voy. Y me rechazaba con la mano, con los mismos ojos que volvían a ocultarse, mientras se derrumbaba sobre la mesa, hundiendo la cara entre las manos.


Osvaldo Soriano

Aquel Peronismo de Juguete




Cuando yo era chico Perón era nuestro Rey Mago: el 6 de enero bastaba con ir al correo para que nos dieran un oso de felpa, una pelota o una muñeca para las chicas. Para mi padre eso era una vergüenza: hacer la cola delante de una ventanilla que decía "Perón cumple, Evita dignifica", era confesarse pobre y peronista. Y mi padre, que era empleado público y no tenía la tozudez de Bartleby el escribiente, odiaba a Perón y a su régimen como se aborrecen las peras en compota o ciertos pecados tardíos.

Estar en la fila agitaba el corazón: ¿quedaría todavía una pelota de fútbol cuando llegáramos a la ventanilla? ¿O tendríamos que contentarnos con un camión de lata, acaso con la miniatura del coche de Fangio? Mirábamos con envidia a los chicos que se iban con una caja de los soldaditos de plomo del general San Martín: ¿se llevaban eso porque ya no había otra cosa, o porque les gustaba jugar a la guerra? Yo rogaba por una pelota, de aquellas de tiento, que tenían cualquier forma menos redonda.

En aquella tarde de 1950 no pude tenerla. Creo que me dieron una lancha a alcohol que yo ponía a navegar en un hueco lleno de agua, abajo de un limonero. Tenía que hacer olas con las manos para que avanzara. La caldera funcionó sólo un par de veces pero todavía me queda la nostalgia de aquel chuf, chuf, chuf, que parecía un ruido de verdad, mientras yo soñaba con islas perdidas y amigos y novias de diecisiete años. Recuerdo que ésa era la edad que entonces tenían para mí las personas grandes.

Rara vez la lancha llegaba hasta la otra orilla. Tenía que robarle la caja de fósforos a mi madre para prender una y otra vez el alcohol y Juana y yo, que íbamos a bordo, enfrentábamos tiburones, alimañas y piratas emboscados en el Amazonas pero mi lancha peronista era como esos petardos de Año Nuevo que se quemaban sin explotar.



Ruth Patricia Rodríguez Serrano
Poemas Éditos e Inéditos
Selección Poética 1993 - 2014
© Analecta Literaria 2014





A LA IZQUIERDA DEL POEMA

Aquí, a la izquierda del poema
Comienza la noche
Apenas intuimos el sonido
Con el que nos llevará el mar




De: Lengua de Siervo (1993)



LENGUA DE SIERVO
(a la poesía)

Enrédame por los ojos
Que siempre amanecen
Nútreme de la sangre
Que anochece inquieta
Encapríchate con mi cuerpo
Y súrcalo una vez más
Con tu lengua de siervo
Danza de culebra
Amaestrada por la soledad
Y la ternura

Desátate de tu bosque
Y entra al mío
Invade el trágico destino de los pájaros
Y perennízalo en mis huesos

Vuelve a mezclar mis recuerdos
Con el bulto diario de la risa
Ante la consumación de cualquier muerte
Y hazme girar
En el aire lima que padeces
Al igual que en la libertad que conoces
Porque la tienes
Viste mi desnudez
Con la desnudez del mundo
Y si puedes
Hazme aromar a desnudo

Devuélveme la quietud del silencio
Para estar y ser
Llévame hacia mis ocultos lugares
Y con tu helechado esqueleto
Acaricia mis maldades
Y azótame niña otra vez
Hasta traspasar la culpa y sus fantasmas

Lengua lienzo
Lengua palpitación
Lengua minuto diario
Lengua dominante
Lengua de muerto azul
Lengua lenta
Lengua de roble
Y de inexistencia viva
Lengua de siervo salvaje
Que atraviesa
Los arados de mi poesía





Uriel Martínez
Poemas Escogidos




LA RULETA


¿Has observado cómo sube
la espuma cuando la leche
suelta el hervor aun con flama süave?

¿Has visto cómo a la vuelta
de una semana el tomate maduro
empieza a mostrar puntos negros?

¿Has experimentado en el reverso
de las palmas cómo aparecen
mapas cafés al paso de los años?

¿Has notado cómo las ubres
de las reses en el establo
exhiben orgullosas esos apéndices como guantes?

De madrugada, ¿has oído cómo
los fantasmas se expresan por tu boca
sin necesidad de ouijas ni otros ritos esotéricos?

Todo punto de partida tiene
un final, aunque no siempre feliz:
ese fue tu caso, amor.





María Luisa Mora Alameda
Poemas Seleccionados
1988 - 2012





De: Este largo viaje hacia la lluvia


HOMBRE QUE NUNCA SUPO QUE EL ASOMBRO


HOMBRE que nunca supo que el asombro
abre puertas hermosas
detrás de cada muro,
llegaste hasta el milagro
de las rosas más tristes,
de las más diminutas cataratas,
buscándome en la lluvia,
queriéndome encontrar en las palomas
blanquísimas del sueño;
y yo, que siempre estuve,
allá, junto a los gatos sin retorno,
en los tejados del silencio, llena
de ilusión, te envié señales de humo
para que tú me hallaras, algún día.